Más de un centenar de personas han participado en el V Encuentro de Ayuntamientos de la Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, celebrado en la sede central del Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) en Madrid bajo el lema «Compartir experiencias, transformar entornos: hacia un Congreso Mundial».
La evidencia científica parece apoyar que la intergeneracionalidad es clave».
La jornada comenzó con un saludo institucional por parte del Coordinador de Estudios del Imserso, Agustín Martínez: «Nos une una idea sencilla y poderosa: Las sociedades se transforman cuando lo hacemos juntas. Sabemos que nuestras sociedades cambian, cambian las personas, cambian las necesidades, cambian los ritmos, los vínculos y nuestras localidades deben acompañar estos cambios con visión, sensibilidad rigor».

En este contexto, Martínez remarcó que «la evidencia científica parece apoyar que la intergeneracionalidad es clave». Situó la intergeneracionalidad como base para fortalecer la cohesión social. «Cuando generaciones distintas comparten espacios, actividades y decisiones, la comunidad se fortalece. Aunque también hay ciertos problemas. Cada vínculo creado es una oportunidad para aprender, crecer y cuidarnos mejor», afirmó.
Asimismo, el Coordinador de Estudios del Imserso insistió en la importancia de evaluar el impacto real de las políticas de amigabilidad.«Sabemos que no hay buenas políticas sin una buena evaluación. Medir el impacto real no es solo un trámite, es un acto de responsabilidad», apuntó Martinez. Y defendió el diálogo entre conocimiento, instituciones y ciudadanía para construir respuestas más sólidas: «Cuando la ciencia, la gestión pública y la comunidad dialogan, las soluciones se vuelven más sólidas, más justas y humanas».
Por otro lado, Martínez también reivindicó la importancia de las iniciativas locales. «Cada actividad local, por pequeña que parezca, suma, cada proyecto genera aprendizaje. Cada paso hace más amigable nuestro entorno y cada municipio aquí presente aporta un valor único», subrayó.
Por último, Martínez llamó a seguir construyendo entornos amigables que acompañen a las personas en todas sus etapas vitales, desde la infancia hasta la longevidad. Así, reivindicó ciudades «que reconozcan la diversidad que abracen los cuidados y que fortalezcan la comunidad y que miren al futuro sin dejar a nadie atrás».
Ciudades en cambio: cómo crecen y se transforman

El envejecimiento acelerado de las grandes capitales y la falta de integración urbana, claves señaladas por Beatriz Fernández
La profesora titular de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y especialista en envejecimiento en grandes metrópolis, Beatriz Fernández, presentó los resultados de dos proyectos de investigación centrados en cómo envejecen las ciudades y cómo responden las administraciones públicas.
El primero, financiado por el Plan Nacional de Investigación Francés, compara los procesos de envejecimiento en París y Madrid, así como las políticas desarrolladas en ambas capitales. El segundo, respaldado por el Ayuntamiento de París, analiza las estrategias para combatir la soledad no deseada en grandes ciudades como Tokio, Montreal o la propia capital francesa.
Durante su intervención, Fernández describió cómo las grandes áreas urbanas europeas exhiben contrastes demográficos acusados, con municipios periféricos más jóvenes y centros metropolitanos cada vez más envejecidos. Señaló que existen “contrastes muy fuertes entre municipios que tienen muy poco porcentaje de personas mayores, que son, entre comillas, jóvenes”, un desequilibrio que contribuye a que la región de Isla de Francia sea la más joven del país.
La investigadora incidió en la brecha existente entre la imagen «juvenil» de París y su realidad demográfica. Recordó que, de forma recurrente, se percibe la capital como un destino juvenil, dinámico y universitario. Sin embargo, subrayó que “es una ciudad que va envejeciendo poco a poco y en donde algunos barrios estamos en un cuarto de la población que tiene más de 65 años”.
Este fenómeno, explicó, no es una excepción: “la ciudad central de estas grandes regiones metropolitanas es mayor o tiene más porcentaje de población mayor que las periferias. Es algo habitual. Ocurre en Madrid, en Barcelona o en Marsella. En el caso de Italia, excepto en Milán, pasa en todas las ciudades italianas”.
Un plan social ambicioso, pero poco transversal
La investigadora detalló el marco de acción parisino, articulado en un plan de cuatro años que aborda envejecimiento activo, acceso a derechos, adaptación de viviendas y, tras la pandemia, prioridades emergentes como la soledad no deseada y el apoyo a las personas cuidadoras. París, señaló, dispone de servicios intergeneracionales, restauración adaptada, programas de actividad física y cultural, así como redes comunitarias consolidadas.
A pesar de estos avances, Fernández fue clara al identificar la principal debilidad del sistema: la falta de integración de las políticas de mayores en el urbanismo y en la planificación general de la ciudad. Técnicos municipales reconocen —contó— que “no tenían conciencia de cuántas personas mayores viven en París”, y que en la revisión del plan urbanístico de 2024 “apenas se menciona el envejecimiento”.
“Mucho en lo social, poco en lo urbano”
En su conclusión, Fernández subrayó que París “hace mucho en políticas sociales, pero todavía lejos de construir una verdadera ciudad amigable”. Reclamó mayor transversalidad, coordinación interdepartamental y la ruptura de un “edadismo estructural” que prioriza a jóvenes y familias frente a las personas mayores.
Como ejemplo positivo, destacó la experiencia de los Juegos Olímpicos, un proceso en el que la participación activa de personas mayores permitió impulsar medidas de accesibilidad que antes habían sido descartadas. “La voz de los mayores se escuchó un poco más en un contexto que a priori no se no se hubiera esperado, pero fue momento en el que gracias a eso han conseguido pasar ciertas medidas que en otro contexto no lo hubieran conseguido”, afirmó.
Afrontar la complejidad, impulsar la participación y repensar la gobernanza para ciudades más amigables
Por su parte, el arquitecto y gerontólogo, Javier del Monte, de la Asociación Jubilares, centró su intervención en los aprendizajes acumulados basados en años de trabajo acompañando a municipios en diagnósticos y planes de acción para la red de ciudades amigables – Jubilares resta asistencia técnica a numerosos municipios – poniendo el foco en los aciertos, dificultades y las oportunidades de mejora de estos programas.
Una mirada “cómplice” con la ciudadanía y crítica con el sistema
De esa manera, del Monte explicó que la mirada de Jubilares es “ambivalente”: por un lado, actúa como aliada de las personas mayores, escuchando sus preocupaciones, propuestas y expectativas en un clima de confianza, especialmente en los grupos focales, donde no sienten que están “reclamando al Ayuntamiento”, sino que «están hablando con alguien que está de su lado».
Su papel, resumió, es el de facilitación: «trasladar la voz de las personas mayores a los equipos técnicos y responsables políticos municipales».
La complejidad de lo cotidiano: más allá de las ocho áreas
Entre los principales hallazgos, destacó la necesidad de abordar la complejidad real de lo que sucede en los municipios. El enfoque de ciudades amigables parte de ocho áreas o dimensiones definidas por la OMS, pero lo que cuentan las personas mayores no encaja siempre en compartimentos estancos.
Como ejemplo, relató un proceso de peatonalización en una calle céntrica. Y en cómo «desde una mirada prejuiciosa podría asumirse que las personas mayores estarán encantadas con la peatonalización porque “así se mueven más fácilmente”.
Sin embargo, tal y como explica Javier del Monte, al dialogar con ellas ese proceso de peatonalización era más complejo: «se trata de encontrar cuáles son esas necesidades más profundas que están ahí». «al dialogar con ellas se descubrió preocupaciones como la pérdida de plazas de aparcamiento que facilitaban las visitas de familiares o amistades, lo que podía debilitar sus redes de apoyo y sus relaciones sociales. Una decisión que se podría catalogar solo en “espacio público acababa conectando con vivienda, participación, vínculos afectivos e inclusión.
Las personas mayores, más sensatas de lo que se supone
Otro aprendizaje reiterado fue la constatación de que la ciudadanía —y en particular las personas mayores— «es mucho más sensata y razonable de lo que a veces se presupone desde las áreas municipales» subrayó Javier del Monte. “cuando dialogan, la inteligencia colectiva funciona”, afirmó.
«Cuando hacemos procesos con las personas mayores, los resultados son para todas las personas». En uno de los municipios analizados, el equipo de Jubilares clasificó los discursos recogidos en el proceso participativo.
La inmensa mayoría de las propuestas beneficiaban al conjunto de la población, no solo a las personas mayores. En áreas como espacio público, de más de doscientas aportaciones analizadas, prácticamente todas eran mejoras que hacían la ciudad más habitable para cualquiera, independientemente de la edad.
Explicó además, que en el municipio de Fuenlabrada sustituyeron grupos focales por paseos urbanos participativos para «añadir metodologías que pueden servir también para para recoger eh la opinión de las personas mayores de otra manera».
Estos paseos, no solo recogieron información valiosa sino que fortalecieron vínculos entre participantes, generando un grupo motor estable que continúa activo como espacio de participación comunitaria. Ese grupo motor, «puede ser precisamente el germen de ese consejo de personas mayores que pueden estar acompañando al proceso, fue un hallazgo interesante» señaló Javier del Monte.
Otro plan integral: falta de coordinación y recursos
En el capítulo de dificultades, Javier del Monté señaló la sobrecarga de planes integrales que conviven en muchas administraciones: estrategias de ciudad amigable, planes de desarrollo urbano sostenible, agendas de accesibilidad, agendas 2030. «Cada uno suele depender de áreas distintas —mayores, bienestar social, urbanismo— cuando en realidad aspiran a ser planes de ciudad que requerirían liderazgo político desde alcaldía y una coordinación mucho más robusta».
Otra dificultad importante es la tendencia a quedarse en la fase de diagnóstico. Del Monte señaló la investigación realizada por el CSI en que se analizó 186 documentos de distintos municipios: El 21% no han pasado de la fase de diagnóstico pese a llevar años en la red. «Además el proceso que plantea la OMS y el protocolo de Vancouver está muy centrado en el diagnóstico en cómo se hace un diagnóstico participativo y demás y y no tanto en en en dar pistas para ver cómo se hacen planes eh participativos y cómo se implementa de forma participativa y cómo se evalúa » afirmó.
A ello se suma la escasez de recursos humanos y económicos. Citó expresamente «el límite del contrato menor», en torno a 15.000 euros: con ese presupuesto, «es casi imposible desplegar un proceso participativo profundo que incluya entrevistas, grupos focales, técnicas creativas y tiempo de maduración y de diálogo entre ciudadanía, personal técnico y responsables políticos».
Asimismo, señaló el miedo a la participación apareció como otra de las dificultades recurrentes. Muchos ayuntamientos aceptan “entrar en el juego” del diagnóstico participativo, pero a mitad de proceso se inquietan cuando empiezan a aparecer problemas o críticas. A veces se duda incluso de publicar los resultados por temor a que se interpreten como una enmienda a la gestión.
La ponencia advirtió del riesgo de frustrar expectativas: personas mayores que han participado varias veces en grupos focales empiezan a decir que “esto luego no sirve para nada”. Esa pérdida de confianza debilita la legitimidad de cualquier política futura. De ahí la importancia de decidir de antemano hasta dónde se quiere llegar en la “escalera de la participación” —información, consulta, delegación, cogestión, autogestión— y ser coherentes con esa elección.
Del grupo motor al consejo de mayores
Entre las propuestas de mejora, Javier del Monte planteó avanzar hacia un nuevo modelo de gobernanza en el que las personas mayores cuenten con un protagonismo real, a través de consejos de mayores con funciones consultivas claras y, en algunos casos, capacidad de decidir sobre determinadas cuestiones, por ejemplo mediante presupuestos participativos.
Las políticas, insistió del Monte, tienden a quedarse en las necesidades más básicas —“que sobrevivan”— cuando cualquier persona, también en la vejez, necesita vínculos, reconocimiento, autonomía y proyectos de vida.
Y en este contexto no solo contar con las necesidades de las personas mayores. También tener en cuenta las del personal técnico y las de las responsables políticas: «es importante tenerlas en cuenta para que los planes de acción sean viables y sostenibles».
Otra propuesta clave fue la de diseñar planes de acción sostenibles en el tiempo, que vayan más allá de una legislatura y no acaben en un cajón tras un cambio de gobierno. Se citó como referencia el caso de Madrid y los “Acuerdos de la Villa” posteriores a la COVID-19, donde se logró un consenso político amplio en torno a una serie de medidas estratégicas que sirvieron de marco estable para el trabajo posterior en ciudades amigables.
También reivindicó implementar nuevas dimensiones al enfoque de ciudades amigables, más allá de las ocho áreas clásicas de la OMS. Javier del Monte señaló, por ejemplo, la necesidad de integrar la gestión de emergencias y catástrofes —pandemia, temporales de nieve, DANAs, olas de calor—, en las que las personas mayores suelen ser de las primeras afectadas. También aludió a las desigualdades y vulnerabilidades vinculadas a la pobreza, al género u otras formas de exclusión.
Por último, señaló en la importancia de avanzar hacia una evaluación de impacto, no solo de resultados o productos. Reconoció que medir el impacto de las políticas públicas es complejo, pero insistió en que, en muchos casos, ni siquiera se intenta. «No basta con decir cuántos bancos se han instalado, sino saber si eso ha aumentado la presencia de personas mayores en la calle, si se han fortalecido sus redes, si ha cambiado algo en la gobernanza municipal».
Mesa internacional: experiencias y retos en el 3er Congreso Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores
La segunda mesa de la jornada se centró en las claves y aprendizajes del III Congreso Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores, un espacio global de intercambio impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Un espacio que contó con voces internacionales y representantes institucionales que están liderando políticas innovadoras en envejecimiento, salud pública y acción comunitaria.

Yongjie Yon, responsable técnico de la Unidad de Envejecimiento y Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Europa, enmarcó el trabajo de la OMS en relación con el 3er Congreso Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores, que se celebrará el próximo año. Su participación fue vía videoconferencia desde Oporto, donde el equipo europeo de la OMS se encontraba reunido en la planificación de su actual estrategia de envejecimiento saludable.
Yon recordó que la Estrategia de Envejecimiento Saludable de la OMS se apoya en cuatro pilares fundamentales, y subrayó que uno de ellos es precisamente el apoyo a las ciudades y comunidades amigables, así como la importancia del trabajo regional y global de la OMS.
Yon transmitió su agradecimiento al Imserso y a los equipos estatales y locales que impulsan la Red Española de Ciudades Amigables con las Personas Mayores. Destacó especialmente “el liderazgo de España en la promoción de las ciudades amigables, no solo a nivel estatal, sino también a nivel internacional”, y reconoció el esfuerzo conjunto para coordinar el Congreso Mundial de Ciudades Amigables previsto para el próximo año.
Desde el ámbito estatal y comunitario intervino Itziar de la Peña, directora de Promoción del Tercer Sector Social y la Acción Comunitaria del Gobierno Vasco, quien presentó la experiencia vasca en gobernanza, participación y creación de redes territoriales de amigabilidad.

La representante del Gobierno Vasco recordó que, en pleno siglo XXI, “el bienestar de la ciudadanía es el principio de la acción que nos mueve. Apostamos por un bienestar compartido que llegue a todas y todo». Envejecer, afirmó, “no es sinónimo de decadencia”: las personas mayores viven cada vez con mejor calidad de vida y desempeñan un papel indispensable tanto en las familias como en la comunidad.
En este contexto, de la Peña explicó que las instituciones vascas llevan años situando a las personas mayores en el centro de su acción política. La amigabilidad ha ido ganando peso en ámbitos tan diversos como la vivienda, los espacios públicos, la salud, la economía, la actividad física, el ocio o la participación social. El envejecimiento, insistió, genera nuevas necesidades, pero también “nuevas oportunidades”. El reto es que quienes envejecen puedan hacerlo “en las mejores condiciones, libres de dependencia y con confort”.
Un nuevo modelo de gobernanza centrado en las personas mayores
El Gobierno Vasco ha impulsado una Estrategia con las Personas Mayores que promueve un cambio de modelo: mayor anticipación y prevención, una gobernanza más participada y la implicación directa de las personas mayores en la toma de decisiones. “Envejecer bien es una tarea para toda la vida, que exige responsabilidad personal y colectiva”, señaló.
La estrategia tiene una vocación universal: pretende que cualquier persona —independientemente de su edad— pueda identificarse con sus recomendaciones. «Busca además comprometer a todos los sectores implicados, con un enfoque basado en la autonomía, la diversidad, la corresponsabilidad y la igualdad de género, incorporando miradas interseccionales e intergeneracionales».
Una de las redes más potentes del mundo
La ponente destacó el trabajo desarrollado desde 2012 con la red Euskadi Lagunkoia, coordinada con la Fundación Matia.
Actualmente participan en esa red de amigabilidad 87 municipios, lo que convierte a Euskadi —un territorio pequeño— en “una de las redes más potentes a nivel mundial”. «Todos los municipios parten de realidades diferentes, pero comparten un objetivo: mejorar su grado de amigabilidad para ofrecer mayores y mejores oportunidades a quienes envejecen».
Itziar de la Peña recordó que «construir ciudades y comunidades adaptadas a las personas mayores es una de las estrategias más efectivas para responder a la transición demográfica».
Euskadi Lagunkoia tiene como objetivo incentivar la participación ciudadana para mejorar barrios y entornos, y se conecta con servicios pioneros como Alchor, un espacio presencial y online de escucha, orientación y conexión para mayores de 60 años que facilita «que puedan seguir participando en la vida social y comunitaria con proyectos de vida ilusionantes».
Innovación social, cooperación municipal y buenas prácticas
Uno de los grandes retos —señaló— e»s fomentar el intercambio de experiencias entre municipios. Por ello, cada año se celebra una jornada de buenas prácticas europeas y se entrega un premio que reconoce esa buenas prácticas». Este año la jornada, celebrada en Vitoria-Gasteiz, estuvo dedicada a nuevos modelos de vivienda y residencias, con especial atención a las propuestas intergeneracionales e innovadoras frente a los modelos tradicionales.
La revolución de la longevidad y el horizonte del Congreso Mundial
La representante del Gobierno Vasco subrayó que las nuevas longevidades están transformando Europa y requieren mirar al exterior para aprender de lo que ocurre en otros lugares. En este sentido, destacó la relevancia del próximo tercer Congreso Mundial de Ciudades Amigables con las Personas Mayores, que se celebrará en junio en Donostia / San Sebastián.
Consideró simbólico y emocionante que la sede sea Donostia, San Sebastian y que concibe como un homenaje por ser “la primera ciudad del Estado en incorporarse en 2009 a la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables de la OMS”. Animó a municipios y agentes sociales a participar activamente en el congreso y aprovechar esta oportunidad para reforzar su compromiso con la inclusión y la amigabilidad.
Concluyó con una invitación abierta: “Allí les espero, junto a la OMS, el Imserso, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia, con muchas ganas de compartir conocimientos, buenas prácticas y nuestra mutua amigabilidad”.
Parnian Kordshakeri subraya la urgencia global del envejecimiento saludable y el papel clave de las ciudades amigables

La oficial técnica de la OMS Parnian Kordshakeri, responsable del apoyo a la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables, centró su intervención en la dimensión global del envejecimiento y en el papel estratégico que tienen las ciudades para garantizar una longevidad saludable.
Recordó que el envejecimiento se ha situado en el centro de la agenda de la OMS porque “todos queremos vivir más, pero esos años añadidos deben ser años vividos con calidad”.
Un fenómeno global acelerado
La experta mostró cómo las poblaciones del mundo envejecen de forma desigual. Europa y Asia lideran el proceso, mientras otras regiones lo hacen a menor ritmo. Subrayó que no solo aumenta la proporción de personas mayores, sino que la velocidad del envejecimiento se ha acelerado: Francia tardó más de 150 años en duplicar su población mayor de 60 años; Brasil lo ha hecho en apenas una década. Para 2050, la población mundial mayor de 60 años se habrá duplicado.
Kordshakeri insistió en que vivir más no significa vivir mejor. En este sentido explicó que la Organización Mundial de la Salud (OMS) «trabaja para identificar qué factores incrementan la esperanza de vida y cuáles aumentan los años vividos con buena salud, analizando brechas y necesidades de evidencia científica».
La clave: intervenir en los entornos
El objetivo central del envejecimiento saludable —explicó— es que todas las personas puedan vivir más años, pero también hacerlo de forma independiente, en contextos que favorezcan su desarrollo y su contribución a la comunidad.
La experta enfatizó que mejorar los entornos no es solo una cuestión de infraestructura física, sino también de dimensiones sociales, psicológicas y culturales: actitudes, normas, vínculos y percepciones que condicionan la vida cotidiana. Crear ciudades amigables con la edad, añadió, implica un enfoque intergeneracional que beneficia a toda la sociedad.
La Red Mundial: 57 países y más de 1.730 miembros
Kordshakeri presentó un resumen del crecimiento de la Red Mundial de Ciudades Amigables desde su lanzamiento en 2007: actualmente la integran 57 países y más de 1.730 miembros, de los cuales cerca de 200 son ciudades españolas.
Afirmó que Europa —y especialmente países como España— desempeña un papel central en el movimiento global por su grado de envejecimiento y su intensa actividad local. El impacto va más allá de las fronteras: las experiencias españolas sirven de referencia para países de habla hispana en América Latina.
Intercambio de prácticas y herramientas de formación
Uno de los pilares del programa es el intercambio de buenas prácticas. La base de datos global recoge más de 900 actividades, con España situada entre los países que más contribuyen.
Para la experta, estas prácticas permiten comprobar, con evidencia, qué iniciativas generan mejores resultados.
La OMS ha desarrollado también un nuevo paquete de herramientas formativas, disponible en varios idiomas —incluido el español—, así como cursos virtuales en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud.
Tres ejes estratégicos del trabajo de la OMS
Parnian Kordshakeri explicó los tres grandes componentes del apoyo de la OMS al movimiento global de amigabilidad:
En primer lugar, generar y difundir conocimiento basado en evidencia, incluyendo mapas de brechas y revisiones sistemáticas para identificar qué funciona.
En segundo lugar, unir conocimiento y acción, acercando universidades, investigación aplicada y administraciones públicas.
Y en último y en tercer lugar, coordinar soluciones y aprendizajes dentro de la Red Mundial, asegurando que la evidencia llegue a los territorios.
“Estamos en un momento crucial”
La ponente cerró su intervención con un mensaje claro: el envejecimiento saludable es un desafío histórico que requiere colaboración global y acción local. Cada esfuerzo municipal —dijo— es indispensable para construir entornos justos, inclusivos y adaptados a todas las edades.
Vivienda, cuidados, comunidad y sostenibilidad
La coordinadora de la Red Española de Ciudades Amigables, Lis Contreras, abrió la segunda mesa de la jornada titulada “Vivienda, cuidados, comunidad y sostenibilidad”, un encabezado que definió como “ambicioso” por la amplitud de ámbitos que abarca y por su impacto directo en la calidad de vida de las personas mayores.
Subrayó que estos cuatro ejes —el hogar, los apoyos, los vínculos comunitarios y la sostenibilidad de los modelos de cuidado— son esenciales para construir entornos verdaderamente amigables.
